El otro día leí un artículo titulado "Ricos en dinero, pobres en tiempo" y escribí un absurdo texto con mi punto de vista y mi experiencia al respecto. En él explicaba varias cosas, la mayoría prescindibles (por no decir basura), así que me voy a centrar en lo que realmente tiene algo de interés para aquellos que me leen aburridos en sus oficinas. Últimamente me pasa que escribo cantidad de basura, tan mala que no pasa ni el control de calidad más bajo, el de "sí, yo esto quizá lo leería sólo después de haber leído todo internet".
Al tema.
Yo comparto oficina con otras dos empresas. Una de ellas es de un tío que más o menos hace lo mismo que yo. La otra son dos socios con varios empleados que se dedican al software. Debido a mis horarios erráticos y a que a menudo trabajo desde casa o me encuentro de viaje, paso poco tiempo en la oficina. Tres o cuatro horas al día. Hacia la una o una y media me levanto y me voy. Y de hecho vengo porque me apetece, porque podría quedarme en casa tranquilamente. Últimamente no pasa un día sin que, cuando me voy, uno de los socios de la empresa de software me suelte algún comentario tipo: "joder, ya estás?", "eres un vividor", "tú si que vives bien", etc. A veces cuando me quedo más de lo normal, porque estoy escribiendo cosas como esta, me suelta: "¿qué te pasa hoy que trabajas tanto? te va a sentar mal, que no estás acostumbrado". Siempre con ese tono de suficiencia que toca las pelotas.
Estos comentarios me podrían ofender, porque normalmente cuando alguien te juzga, te sientes incómodo. Pero en este caso simplemente me hacen gracia. La sensación que tengo es como la que se tiene cuando juegas a poker con alguien, tienes la absoluta certeza de que vas a ganar la mano, y el otro jugador sigue subiendo la apuesta. Piensas "pobre imbécil, la que le va a caer".
Esto lo pienso porque interpreto que cuando me hace comentarios de este tipo, o tiene envidia de mi calidad de vida o se siente mejor persona que yo por trabajar más horas. Si es el segundo caso, definitivamente es un imbécil. Y si es el primer caso entonces tiene un problema serio, porque han montado un negocio en el que se factura por horas, y como la factura horaria no se puede aumentar, para ganar más tienen que echar más horas. Es decir, desde su punto de vista de intercambio de tiempo por dinero no comprenden que existan otros modos de ganarse la vida, como es mi caso, en el que durante un año puedo ganar cero y en un día gano el dinero para todo un año. Podría dedicar más tiempo y quizá ganaría más dinero, no sé, en cualquier caso no lo hago. Y con eso asumo un riesgo, pero a cambio de ser libre, cosa que me permite disfrutar de lo que me gusta de verdad. Y eso lo he aprendido sin necesidad de haber padecido un cáncer. Últimamente parece que hay que sobrevivir a una mala experiencia como que te detecten un cáncer o sobrevivas al hundimiento de un crucero para tener el momento revelador que cambia tu vida para siempre y te des cuenta de lo equivocado que estabas cuando dejaste aquel trabajo mal pagado que te gustaba por otro que era una mierda pero bien pagado, total para tener un BMW. En fin... Aquí otro texto interesante. Por cierto, sobre el texto que inspiró este post, decir que, según mi punto de vista, ser ricos en dinero y pobres en tiempo es algo poco habitual. Lo habitual es ser pobres en tiempo y en dinero, pero bueno, se entiende el concepto. Sigo...
Dada mi naturaleza toca pelotas, siempre que mi compañero de oficina me suelta algún comentario de los suyos, yo le suelto una buena réplica que encaja con hombría. He aquí algunas de ellas:
· Ya he ganado suficiente dinero hoy.
· Yo no cobro por horas.
· ¿Y a ti quién te obliga a quedarte?
· Para lo que he hecho, mirar el facebook, podría haberme quedado en casa durmiendo.
lunes 23 de enero de 2012
lunes 16 de enero de 2012
Las gafas del cerca
El otro día fui a hacerme unas gafas del cerca. Hace un tiempo empecé a tener problemas con la vista. Recuerdo perfectamente la primera vez que me pasó. Estaba en clase de alemán, hacia las siete y medio u ocho de la tarde tras un largo día en la oficina. La profesora me dijo que leyera en voz alta una redacción que había escrito, bueno, de hecho era la traducción de uno de los posts del blog, el de las señales creo recordar. Iba leyendo y cada cinco o seis palabras la vista se me desenfocaba, entonces tenía que parar, hacer fuerza con los ojos como si fuera a soltar rayos láser o quisiera mover la hoja con telekinesia y seguir. No pude terminar. Si hubieran sido clases en una escuela aún, pero eran clases particulares y yo era el único alumno. Así que seguir con la clase era absurdo. El resto del tiempo nos lo pasamos hablando de nuestras cosas, mitad en alemán y mitad en español. Hablamos sobre joyos y demás antros de perdición que se hacen llamar restaurantes. Luego de la comida, y vocabulario de este tipo. Que si cómo se llamaba percebe en alemán y otras cosas súper útiles. Recuerdo una anécdota en particular. La profesora me explicó una de esas situaciones absurdas que se dan cuando en casa se hablan varios idiomas: ella y su pareja estaban acabando de poner la mesa para cenar mientras veían las noticias. Una noticia le llamó la atención a él y soltó: "¡Tela!", para expresar su indignación obviamente, a lo que ella respondió "¡Ya hay!". Fin de la anécdota. Era así como aprendía más, hablando de nuestras cosas. Lo de hacer ejercicios y tal está muy bien, pero llega un momento que lo único que se necesita es hablar y equivocarse. Si hubiera sido por mi, las clases hubieran consistido únicamente en quedar un par de horas y hablar, pero ella, que era una estupenda profesora, no concebía esta forma de aprender. Su método era el clásico: hacer ejercicios, aprender cosas de memoria, estudiar, etc, cosa que yo nunca hacía. Llegó el verano, se acabaron las clases y en septiembre no conseguimos retomar el tema.
Durante meses me despreocupé de la vista porque durante el día no tenía problemas. Era sólo de noche, cuando estaba muy cansado, que no podía leer. Así que me olvidé del tema hasta hace cosa de un mes, cuando paseando por la calle pasé por delante de una óptica y decidí entrar a hacerme una revisión. Resultado: astigmatismo e hipermetropía. Según la mujer de la óptica, era inconcebible que yo fuera por la vida sin gafas y según su experta opinión debería estar vendiendo cupones. Lo cierto es que no tenía tanto. No sé en que unidades se miden las cosas estas de los ojos, pero yo no llegaba a 1 en cada cosa. Le di las gracias y me fui sin comprar ningunas gafas. Prefería una segunda opinión de alguien que no viviera de vender gafas. Si le preguntas a un mecánico si hay que cambiar el aceite o los neumáticos, ¿qué te va a decir? ¿Y si le preguntas a un dentista si toca hacer una limpieza de boca? Total, que me fui al oftalmólogo a hacer una revisión. El veredicto fue que efectivamente unas gafas me serían útiles. Siempre había oído decir que cuando te pones gafas la vista va a peor y por tanto es mejor forzar la vista y ponerse las gafas lo mínimo posible. Se lo pregunté al oculista y me dijo justo lo contrario, que era mejor no forzar la vista y ponerse las gafas siempre que fuera necesario. Yo pensaba que forzando la vista se ejercitaban los músculos o lo que sea que hace que se enfoque la vista, y que cuanto más ejercicio, mejor. Entonces ponerse las gafas era sinónimo de dejar de hacer ejercicio e ir perdiendo facultades. Tiene algo de sentido. Pero también lo tiene no forzar más de lo necesario algo que empieza a estar cascado. Lo más lógico es dejar de creer en malvadas conspiraciones entre oftalmólogos y ópticas para vender gafas a quien no las necesita y confiar en el criterio de alguien que sabe más del tema —el oftalmólogo— que el populacho. Así que volví a la óptica con la receta y entonces viví una nueva experiencia, totalmente inesperada y gratificante, que consiste en elegir la montura de las gafas. Ese día aprendí un montón de cosas: que las monturas son caras de cojones y que fabricar gafas tiene que ser un negocio de puta madre, que hay la hostia de monturas, que no todas le quedan bien a todo el mundo y que hay cristales antireflectantes. Quizá me pasé 30 minutos probándome monturas hasta que di con las que menos mal me quedaban, pero se me hicieron tan largos que me pareció que pasaba media hora. Yo quería unas tipo Junior Soprano, pero no habían. Luego otras con una montura rara, pero me quedaban mal... Fui descartando hasta que sólo me quedaron unas, y me las quedé.
Ahora mismo escribo esto con las gafas puestas. Las gafas y nada más. Así es como escribo ahora. Aunque tengo frío, veo de puta madre. Pero lo que me preocupa es el declive de mis facultades físicas. Tenía esperanzas —pocas, la verdad— de acabar siendo astronauta por uno de esos misterios de la vida, pero no sé si hay astronautas con gafas. Imagínate qué putada si cuando llegas a Marte descubres que te has dejado las gafas en casa. Y las gafas son sólo la punta del iceberg que no había visto —claro, porque no tenía gafas— hasta ahora, que lo tengo metido por el culo. El iceberg se llama vejez y es el punto de inflexión que hay entre la juventud y el resto de la vida. Físicamente todo empieza a ir a peor. Han habido otras señales avisándome de que este iceberg se acercaba, pero hasta el tema de las gafas, las había ignorado todas. La primera es lo que dura una resaca. Ahora las practico menos, pero creo que la falta de práctica no aumenta la duración de una buena resaca, que ahora fácilmente es el doble que cuando estaba en forma. Hay más señales, pero la única que voy a destacar es la de los pelos. Pelos anormalmente largos y gruesos que aparecen en los sitios más insospechados. Un día te asoma uno por la nariz y crees que es una excepción, una anomalía. Luego te sale otro en la ceja y te empiezas a preocupar. Quizá sea Fukushima, quizá no. Pero no es hasta que te aparece uno en la oreja cuando te das realmente cuenta de que tu mejor momento ya ha pasado.
Durante meses me despreocupé de la vista porque durante el día no tenía problemas. Era sólo de noche, cuando estaba muy cansado, que no podía leer. Así que me olvidé del tema hasta hace cosa de un mes, cuando paseando por la calle pasé por delante de una óptica y decidí entrar a hacerme una revisión. Resultado: astigmatismo e hipermetropía. Según la mujer de la óptica, era inconcebible que yo fuera por la vida sin gafas y según su experta opinión debería estar vendiendo cupones. Lo cierto es que no tenía tanto. No sé en que unidades se miden las cosas estas de los ojos, pero yo no llegaba a 1 en cada cosa. Le di las gracias y me fui sin comprar ningunas gafas. Prefería una segunda opinión de alguien que no viviera de vender gafas. Si le preguntas a un mecánico si hay que cambiar el aceite o los neumáticos, ¿qué te va a decir? ¿Y si le preguntas a un dentista si toca hacer una limpieza de boca? Total, que me fui al oftalmólogo a hacer una revisión. El veredicto fue que efectivamente unas gafas me serían útiles. Siempre había oído decir que cuando te pones gafas la vista va a peor y por tanto es mejor forzar la vista y ponerse las gafas lo mínimo posible. Se lo pregunté al oculista y me dijo justo lo contrario, que era mejor no forzar la vista y ponerse las gafas siempre que fuera necesario. Yo pensaba que forzando la vista se ejercitaban los músculos o lo que sea que hace que se enfoque la vista, y que cuanto más ejercicio, mejor. Entonces ponerse las gafas era sinónimo de dejar de hacer ejercicio e ir perdiendo facultades. Tiene algo de sentido. Pero también lo tiene no forzar más de lo necesario algo que empieza a estar cascado. Lo más lógico es dejar de creer en malvadas conspiraciones entre oftalmólogos y ópticas para vender gafas a quien no las necesita y confiar en el criterio de alguien que sabe más del tema —el oftalmólogo— que el populacho. Así que volví a la óptica con la receta y entonces viví una nueva experiencia, totalmente inesperada y gratificante, que consiste en elegir la montura de las gafas. Ese día aprendí un montón de cosas: que las monturas son caras de cojones y que fabricar gafas tiene que ser un negocio de puta madre, que hay la hostia de monturas, que no todas le quedan bien a todo el mundo y que hay cristales antireflectantes. Quizá me pasé 30 minutos probándome monturas hasta que di con las que menos mal me quedaban, pero se me hicieron tan largos que me pareció que pasaba media hora. Yo quería unas tipo Junior Soprano, pero no habían. Luego otras con una montura rara, pero me quedaban mal... Fui descartando hasta que sólo me quedaron unas, y me las quedé.
Ahora mismo escribo esto con las gafas puestas. Las gafas y nada más. Así es como escribo ahora. Aunque tengo frío, veo de puta madre. Pero lo que me preocupa es el declive de mis facultades físicas. Tenía esperanzas —pocas, la verdad— de acabar siendo astronauta por uno de esos misterios de la vida, pero no sé si hay astronautas con gafas. Imagínate qué putada si cuando llegas a Marte descubres que te has dejado las gafas en casa. Y las gafas son sólo la punta del iceberg que no había visto —claro, porque no tenía gafas— hasta ahora, que lo tengo metido por el culo. El iceberg se llama vejez y es el punto de inflexión que hay entre la juventud y el resto de la vida. Físicamente todo empieza a ir a peor. Han habido otras señales avisándome de que este iceberg se acercaba, pero hasta el tema de las gafas, las había ignorado todas. La primera es lo que dura una resaca. Ahora las practico menos, pero creo que la falta de práctica no aumenta la duración de una buena resaca, que ahora fácilmente es el doble que cuando estaba en forma. Hay más señales, pero la única que voy a destacar es la de los pelos. Pelos anormalmente largos y gruesos que aparecen en los sitios más insospechados. Un día te asoma uno por la nariz y crees que es una excepción, una anomalía. Luego te sale otro en la ceja y te empiezas a preocupar. Quizá sea Fukushima, quizá no. Pero no es hasta que te aparece uno en la oreja cuando te das realmente cuenta de que tu mejor momento ya ha pasado.
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Vida
lunes 9 de enero de 2012
El reloj de Gerard Piqué
Hoy he escuchado un anuncio por la radio en el que creo que una caja de ahorros regalaba el reloj Time Force de Gerard Piqué a quien abriera una cuenta con ellos. Quizá no fuera una caja y fuera un periódico, ahora no recuerdo. Lo que sí recuerdo es que decía que el reloj era resistente al agua hasta 50 metros de profundidad.
Es absurdo que alguien se compre un reloj porque lo patrocina un futbolista. Sobretodo porque dicho futbolista no gasta baratijas como las que está anunciando. Si fuera Patek Philippe, vale. ¿Pero Time Force? ¿Alguien se cree que un tío que gana varios millones de euros al año va a ponerse una mierda de reloj de 200 euros? La misma marca tiene los modelos "Cristiano Ronaldo" y "Elsa Pataky". Otra duda que me asalta por las noches cuando duermo y me muerde en los huevos es: ¿por qué alguien que gana ya mucho dinero con su profesión se dedica a perjudicar su imagen anunciando mierdas de productos? ¿Es tanta la ambición? ¿La estupidez? ¿Por qué? ¿Es por Unicef?
Pero bueno, vamos a dejar de lado estas absurdas cuestiones para centrarnos en lo que realmente me quita el sueño: los 50 metros.
¿Qué mierda de argumento es que un reloj sea sumergible hasta 50 metros? ¿Qué porcentaje de consumidores realmente se plantea ponerse el reloj y tirarse al agua hasta los 50 metros? Según tengo entendido, 50 metros de profundidad es algo ya bastante respetable. ¿Realmente un submarinista se pone un Time Force en lugar de un mega relojaco de esos de inmersión?
He estado investigando el tema muy en profundidad esta mañana, entre el café y la caca de después. Por lo visto que un reloj sea "water resist 50 m" no quiere decir que si te lo pones, te tiras al agua y bajas hasta 50 metros vaya a aguantar. Absurdo, sí, pero así es. Por lo visto lo de la cantidad de metros es una simple prueba de presión estática que no tiene en cuenta otros factores. Entonces sería más lógico que esta limitación se presentara en atmósferas y no metros, evidentemente. Y evidentemente muchos fabricantes no ponen atmósferas y sí metros porque consideran que sus consumidores son tan estúpidos que creen que Torricelli es un defensa lateral de la Sampdoria y que una atmósfera sólo es eso que tiene agujeros y que envuelve a la Tierra, como un escudo invisible antimeteoritos.
Investigando más el tema he llegado a la normativa que regula todo esto, la ISO 2281 y su amiga ISO 6425. La primera dice que el Time Force de Gerard Piqué que aguanta hasta 50 metros lo único que resiste es la lluvia, salpicaduras accidentales, la pesca y la natación recreacional, es decir, que pasando por al lado de una piscina vacía te tiren a ella. Además, en varios foros de relojes (sí, los hay), me he encontrado con las siguientes preguntas, muy buenas todas:
· Mi reloj es resistente al agua a 100 metros y le ha entrado agua mientras me duchaba. ¿Cómo es posible?
· Tengo un reloj de alta gama resistente al agua. ¿Puedo bañarme en la piscina o en el mar sin problemas? Ojo a la respuesta: Hágase ésta pregunta antes: ¿llevaría su flamante berlina Mercedes a una pista de montaña?
· ¿Puedo accionar sin problemas los botones de mi cronógrafo sumergible dentro del agua? Respuesta en negrita: nunca.
Por tanto, si alguien tiene previsto comprarse el reloj de Gerard Piqué y sumergirse hasta los 50 metros para ver qué pasa, le recomiendo que antes de tirarse al agua se ate un bloque de hormigón a los pies, que bajará más rápido. Y si puede ser que ate también a Gerard Piqué al bloque y se lo lleve al fondo del mar.
Es absurdo que alguien se compre un reloj porque lo patrocina un futbolista. Sobretodo porque dicho futbolista no gasta baratijas como las que está anunciando. Si fuera Patek Philippe, vale. ¿Pero Time Force? ¿Alguien se cree que un tío que gana varios millones de euros al año va a ponerse una mierda de reloj de 200 euros? La misma marca tiene los modelos "Cristiano Ronaldo" y "Elsa Pataky". Otra duda que me asalta por las noches cuando duermo y me muerde en los huevos es: ¿por qué alguien que gana ya mucho dinero con su profesión se dedica a perjudicar su imagen anunciando mierdas de productos? ¿Es tanta la ambición? ¿La estupidez? ¿Por qué? ¿Es por Unicef?
Pero bueno, vamos a dejar de lado estas absurdas cuestiones para centrarnos en lo que realmente me quita el sueño: los 50 metros.
¿Qué mierda de argumento es que un reloj sea sumergible hasta 50 metros? ¿Qué porcentaje de consumidores realmente se plantea ponerse el reloj y tirarse al agua hasta los 50 metros? Según tengo entendido, 50 metros de profundidad es algo ya bastante respetable. ¿Realmente un submarinista se pone un Time Force en lugar de un mega relojaco de esos de inmersión?
He estado investigando el tema muy en profundidad esta mañana, entre el café y la caca de después. Por lo visto que un reloj sea "water resist 50 m" no quiere decir que si te lo pones, te tiras al agua y bajas hasta 50 metros vaya a aguantar. Absurdo, sí, pero así es. Por lo visto lo de la cantidad de metros es una simple prueba de presión estática que no tiene en cuenta otros factores. Entonces sería más lógico que esta limitación se presentara en atmósferas y no metros, evidentemente. Y evidentemente muchos fabricantes no ponen atmósferas y sí metros porque consideran que sus consumidores son tan estúpidos que creen que Torricelli es un defensa lateral de la Sampdoria y que una atmósfera sólo es eso que tiene agujeros y que envuelve a la Tierra, como un escudo invisible antimeteoritos.
Investigando más el tema he llegado a la normativa que regula todo esto, la ISO 2281 y su amiga ISO 6425. La primera dice que el Time Force de Gerard Piqué que aguanta hasta 50 metros lo único que resiste es la lluvia, salpicaduras accidentales, la pesca y la natación recreacional, es decir, que pasando por al lado de una piscina vacía te tiren a ella. Además, en varios foros de relojes (sí, los hay), me he encontrado con las siguientes preguntas, muy buenas todas:
· Mi reloj es resistente al agua a 100 metros y le ha entrado agua mientras me duchaba. ¿Cómo es posible?
· Tengo un reloj de alta gama resistente al agua. ¿Puedo bañarme en la piscina o en el mar sin problemas? Ojo a la respuesta: Hágase ésta pregunta antes: ¿llevaría su flamante berlina Mercedes a una pista de montaña?
· ¿Puedo accionar sin problemas los botones de mi cronógrafo sumergible dentro del agua? Respuesta en negrita: nunca.
Por tanto, si alguien tiene previsto comprarse el reloj de Gerard Piqué y sumergirse hasta los 50 metros para ver qué pasa, le recomiendo que antes de tirarse al agua se ate un bloque de hormigón a los pies, que bajará más rápido. Y si puede ser que ate también a Gerard Piqué al bloque y se lo lleve al fondo del mar.
miércoles 4 de enero de 2012
La gente camina mal
Si hay una cosa que me pone de los nervios es la gente que camina por la calle. La gente camina mal, sin ritmo, sin rumbo, sin respeto por los demás. Lo llaman pasear, se promener, spazieren gehen, ходить. ходить! Cómo se puede ser tan hijo de puta!?
Hay gente que anda lento, muy lento. Van en grupos de dos o más, circulando en paralelo. Si tu vas detrás de ellos no hay forma de adelantar porque ocupan toda la puta acera. Además, cuando hay un hueco entre árboles o algo así, el grupo se expande, cerrándote el paso. Como una barrera de parchís. Yo lo que recomiendo hacer en estos casos es darle una patada en el tobillo al que esté inmediatamente delante. Será tarjeta amarilla, vale, un riesgo asumible.
Encontrarse de cara con una barrera de parchís andante también es problemático porque los hijos de puta ni se separan ni te dejan un hueco. Por un lado te limitan los edificios y por el otro la calle. Para evitarlos, o subes por la pared a lo hombre araña, o te bajas de la acera para adelantar por la calle, jugándote la vida por culpa de unos gilipollas. Pero bueno, ya sabemos que la vida no es un lugar seguro. En estos casos lo mejor es dirigirse a paso ligero hacia el centro de la barrera, hacia el núcleo. Puedes mirar al infinito, al suelo, o al teléfono móvil, donde sea EXCEPTO a los ojos de la barrera. Si ven que los has visto no se apartarán. Sólo ceden cuando creen que el choque es inevitable. Como las putas palomas. Hay que tener fe y no bajar el ritmo. Seguro que justo antes los cabrones van y se apartan.
Luego hay los que van andando normal pero frenan en seco. Otra panda de hijos de puta. Van andando a un buen ritmo, parece que saben a dónde van, pero de repente van y se frenan en seco sin avisar. Porque justo en ese momento su única puta neurona les dice: "¿sabes a dónde coño estás yendo?". O porque ven una puta tienda, o porque les suena el puto móvil, o porque se acuerdan de que su puta existencia es absurda y lo mejor que podrían hacer es tirarse a las vías del tren. Cuando se paran en seco te ves obligado a hacer una maniobra de evasión arriesgada, pudiendo chocar con los que vienen de frente. Además suele pasar que tras frenar en seco, luego arrancan a toda velocidad en una dirección diferente, con giros de 90º a izquierda o derecha sin previo aviso o incluso con giros de 180º. Los giros a 90º pueden resultar fatales si coinciden con la trayectoria de evasión que toma uno. El de 180º ya es fatal per se. Lo más recomendable entonces es caminar con el brazo extendido al frente y el puño cerrado a la altura de la cara. Habrá choque, pero el único damnificado será el imbécil que lo ha provocado con sus absurdas e inexplicables maniobras.
Otro caso es el de la gente que sale de los comercios o las casas sin mirar ni ceder el paso. Vas tú andando tranquilamente y sin previo aviso te sale alguien justo delante de las narices. Hay que tener en cuenta que la maniobra de evasión es casi imposible, porque por un lado está la pared del comercio o casa, y el otro lado coincide con la trayectoria de esa gente que sale, con lo que la colisión está garantizada. Lo mejor es asumirlo y chocar con todas las fuerzas. Y que gane el mejor.
Los que circulan haciendo eses deberían enviarse a un campo de exterminio. Sus cambios continuos de trayectoria sin lógica alguna los hacen totalmente imprevisibles. Son un peligro para todos. Lo mejor que se podría hacer con esta gente es cortarles las piernas y meterlos en un agujero en el suelo de una fábrica China. Que les sonden y a producir. Con las piernas se podrían hacer una especie de estatuas en los puntos negros de las calles y plazas. Se colgarían de un palo y se dejarían pudrir. Un cartel advertiría a los viandantes que cualquier persona haciendo eses puede acabar como un engranaje más de la maquinaria capitalista.
Para acabar, los elementos favoritos de la fauna callejera: los que te vienen de cara y nunca se apartan. Insensatos suicidas que están incapacitados para la toma de decisiones. Van en línea recta porque son incapaces de evaluar otras trayectorias, cuales robots sigue-líneas descerebrados. Lo más recomendable sería poner unas sierras circulares a la altura del cuello en ciertos puntos de paso, unas trampas contra sigue-líneas. Cualquier persona las vería y agacharía la cabeza o evitaría la sierra, pero un tonto sigue-líneas seguiría recto y acabaría decapitado.
Lo que yo propongo es crear una ordenanza de circulación para peatones que regule los ritmos y las trayectorias. No habría guardias, sino que los peatones se vigilarían a sí mismos. A diferencia de las leyes actuales, que son interpretables, en dicha ordenanza no se tendría que interpretar nada. Cualquier infracción sería castigada con pena de muerte. A los reincidentes se les ejecutaría una y otra vez. También habría un sistema de tarjetas que se usarían para las agresiones físicas. A cualquiera que amenazase con hacer una barrera u otra conducta contraria a la ordenanza se le podría dar un puñetazo en la cara. Al agresor se le mostraría la cartulina roja como premio si le ha dado una buena hostia, una amarilla si no ha sido suficiente fuerte. Tras 10 tarjetas rojas, una persona obtendría un apartamento en Torrevieja, Alicante. Tras 2 amarillas se le amputaría un dedo del pié. El agredido en cambio, perdería puntos de su licencia de peatón en forma de dientes. Al perderlos todos, se convertiría en una persona de casta inferior, un subhumano cuya única razón de ser sería dedicarse al estudio del antiguo testamento. Se le enviaría a Roma, se le vestiría de niño y se arrodillaría ante el papa para... Bueno, me estoy yendo por las ramas.
Hay gente que anda lento, muy lento. Van en grupos de dos o más, circulando en paralelo. Si tu vas detrás de ellos no hay forma de adelantar porque ocupan toda la puta acera. Además, cuando hay un hueco entre árboles o algo así, el grupo se expande, cerrándote el paso. Como una barrera de parchís. Yo lo que recomiendo hacer en estos casos es darle una patada en el tobillo al que esté inmediatamente delante. Será tarjeta amarilla, vale, un riesgo asumible.
Encontrarse de cara con una barrera de parchís andante también es problemático porque los hijos de puta ni se separan ni te dejan un hueco. Por un lado te limitan los edificios y por el otro la calle. Para evitarlos, o subes por la pared a lo hombre araña, o te bajas de la acera para adelantar por la calle, jugándote la vida por culpa de unos gilipollas. Pero bueno, ya sabemos que la vida no es un lugar seguro. En estos casos lo mejor es dirigirse a paso ligero hacia el centro de la barrera, hacia el núcleo. Puedes mirar al infinito, al suelo, o al teléfono móvil, donde sea EXCEPTO a los ojos de la barrera. Si ven que los has visto no se apartarán. Sólo ceden cuando creen que el choque es inevitable. Como las putas palomas. Hay que tener fe y no bajar el ritmo. Seguro que justo antes los cabrones van y se apartan.
Luego hay los que van andando normal pero frenan en seco. Otra panda de hijos de puta. Van andando a un buen ritmo, parece que saben a dónde van, pero de repente van y se frenan en seco sin avisar. Porque justo en ese momento su única puta neurona les dice: "¿sabes a dónde coño estás yendo?". O porque ven una puta tienda, o porque les suena el puto móvil, o porque se acuerdan de que su puta existencia es absurda y lo mejor que podrían hacer es tirarse a las vías del tren. Cuando se paran en seco te ves obligado a hacer una maniobra de evasión arriesgada, pudiendo chocar con los que vienen de frente. Además suele pasar que tras frenar en seco, luego arrancan a toda velocidad en una dirección diferente, con giros de 90º a izquierda o derecha sin previo aviso o incluso con giros de 180º. Los giros a 90º pueden resultar fatales si coinciden con la trayectoria de evasión que toma uno. El de 180º ya es fatal per se. Lo más recomendable entonces es caminar con el brazo extendido al frente y el puño cerrado a la altura de la cara. Habrá choque, pero el único damnificado será el imbécil que lo ha provocado con sus absurdas e inexplicables maniobras.
Otro caso es el de la gente que sale de los comercios o las casas sin mirar ni ceder el paso. Vas tú andando tranquilamente y sin previo aviso te sale alguien justo delante de las narices. Hay que tener en cuenta que la maniobra de evasión es casi imposible, porque por un lado está la pared del comercio o casa, y el otro lado coincide con la trayectoria de esa gente que sale, con lo que la colisión está garantizada. Lo mejor es asumirlo y chocar con todas las fuerzas. Y que gane el mejor.
Los que circulan haciendo eses deberían enviarse a un campo de exterminio. Sus cambios continuos de trayectoria sin lógica alguna los hacen totalmente imprevisibles. Son un peligro para todos. Lo mejor que se podría hacer con esta gente es cortarles las piernas y meterlos en un agujero en el suelo de una fábrica China. Que les sonden y a producir. Con las piernas se podrían hacer una especie de estatuas en los puntos negros de las calles y plazas. Se colgarían de un palo y se dejarían pudrir. Un cartel advertiría a los viandantes que cualquier persona haciendo eses puede acabar como un engranaje más de la maquinaria capitalista.
Para acabar, los elementos favoritos de la fauna callejera: los que te vienen de cara y nunca se apartan. Insensatos suicidas que están incapacitados para la toma de decisiones. Van en línea recta porque son incapaces de evaluar otras trayectorias, cuales robots sigue-líneas descerebrados. Lo más recomendable sería poner unas sierras circulares a la altura del cuello en ciertos puntos de paso, unas trampas contra sigue-líneas. Cualquier persona las vería y agacharía la cabeza o evitaría la sierra, pero un tonto sigue-líneas seguiría recto y acabaría decapitado.
Lo que yo propongo es crear una ordenanza de circulación para peatones que regule los ritmos y las trayectorias. No habría guardias, sino que los peatones se vigilarían a sí mismos. A diferencia de las leyes actuales, que son interpretables, en dicha ordenanza no se tendría que interpretar nada. Cualquier infracción sería castigada con pena de muerte. A los reincidentes se les ejecutaría una y otra vez. También habría un sistema de tarjetas que se usarían para las agresiones físicas. A cualquiera que amenazase con hacer una barrera u otra conducta contraria a la ordenanza se le podría dar un puñetazo en la cara. Al agresor se le mostraría la cartulina roja como premio si le ha dado una buena hostia, una amarilla si no ha sido suficiente fuerte. Tras 10 tarjetas rojas, una persona obtendría un apartamento en Torrevieja, Alicante. Tras 2 amarillas se le amputaría un dedo del pié. El agredido en cambio, perdería puntos de su licencia de peatón en forma de dientes. Al perderlos todos, se convertiría en una persona de casta inferior, un subhumano cuya única razón de ser sería dedicarse al estudio del antiguo testamento. Se le enviaría a Roma, se le vestiría de niño y se arrodillaría ante el papa para... Bueno, me estoy yendo por las ramas.
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miércoles 28 de diciembre de 2011
-3 kg
Podría ponerme a rajar de la navidad. Podría empezar con el rollo ese del consumismo, los absurdos compromisos familiares, etc. Pero si lo hiciera me convertiría en otro gilipollas más inundando el mundo con palabras tópicas y absurdas que nada aportan. De gente que repite lo que oye como loros ya hay a patadas y lo mejor sería meterlos todos en un barco y dejarlo a la deriva hasta que choque contra un iceberg y se hunda. ¿A qué viene criticar ahora el consumismo si llevas todo el año siendo un consumista? ¿A qué viene criticar el consumismo per se estando en el primer mundo? ¿A qué viene criticar los compromisos familiares si llevas todo el año soportando todo tipo de gente gilipollas con sus compromisos gilipollas? ¿Es que la familia es menos que el jefe, el vecino, los amigos o el carnicero que te coloca bistecs duros como el esparto? Los que critican la navidad lo mejor que pueden hacer es pedirle una pistola a papá Noel y pegarse un tiro en toda la cara. O mejor, que no la celebren y se presenten a trabajar en sus puestos de trabajo. Hasta las narices estoy ya de críticas vacías.
Lo que he venido a contar hoy es que tengo diarrea.
Sí. Diarrea.
Nada de gastrointeritis, ni una pasa del estómago, ni malestar, ni problemas de tránsito. DIARREA.
Y hace ya una semana que la tengo. Lo cual es una putada.
El miércoles pasado estaba en Lima y fui a comer a un restaurante uruguayo. Me metí un pedazo de carne como para dar de comer a media Somalia. Estaba delicioso, así que dudo que fuera la causa de mi DIARREA. A los que dicen que la carne en España es lo mejor que hay les encomiendo a que también se pidan una pistola para reyes y se peguen un tiro en toda la cara. Creo que el origen de mi problema con la diarrea está en el pisco sour que me tomé antes. El pisco sour se prepara con clara de huevo cruda, y ya se sabe que el huevo es problemático. Lo sé desde pequeño, cuando en mi colegio me sirvieron uno con salmonela y me pasé un verano con diarrea. La salmonela es como coger un periódico cualquiera y empezar a leerlo. Da igual si es política, internacional, economía o deportes, el efecto es el mismo. Y más en estos tiempos de ministros ex de Lehman Brothers, entrenadores gurú y dictadores norcoreanos gilipollas que se mueren solos en lugar de que vaya alguien y los mate.
Y si no es del pisco sour entonces debe ser de la cena en el Hooters de Guayaquil el día anterior. Si es así, valió la pena.
Tener diarrea es una putada, pero tenerla siendo autónomo lo es más. Sobretodo si estás en otro país y tienes que trabajar todo el puto día. Más aún si en el mejor momento tienes que meterte en un avión y estar 13 horas sentado. Acabé pasando un miércoles horrible y un jueves algo mejor. Luego fue cuando me metí en el dichoso avión. Después en otro que casi pierdo. Finalmente llegué a casa y empezaron las comilonas.
A día de hoy, una semana después, los datos hablan solos. Normalmente en estas fechas me engordo entre 2 y 5 kg. Esta vez he perdido 3 kg. Y eso es un montón de mierda.
Lo que he venido a contar hoy es que tengo diarrea.
Sí. Diarrea.
Nada de gastrointeritis, ni una pasa del estómago, ni malestar, ni problemas de tránsito. DIARREA.
Y hace ya una semana que la tengo. Lo cual es una putada.
El miércoles pasado estaba en Lima y fui a comer a un restaurante uruguayo. Me metí un pedazo de carne como para dar de comer a media Somalia. Estaba delicioso, así que dudo que fuera la causa de mi DIARREA. A los que dicen que la carne en España es lo mejor que hay les encomiendo a que también se pidan una pistola para reyes y se peguen un tiro en toda la cara. Creo que el origen de mi problema con la diarrea está en el pisco sour que me tomé antes. El pisco sour se prepara con clara de huevo cruda, y ya se sabe que el huevo es problemático. Lo sé desde pequeño, cuando en mi colegio me sirvieron uno con salmonela y me pasé un verano con diarrea. La salmonela es como coger un periódico cualquiera y empezar a leerlo. Da igual si es política, internacional, economía o deportes, el efecto es el mismo. Y más en estos tiempos de ministros ex de Lehman Brothers, entrenadores gurú y dictadores norcoreanos gilipollas que se mueren solos en lugar de que vaya alguien y los mate.
Y si no es del pisco sour entonces debe ser de la cena en el Hooters de Guayaquil el día anterior. Si es así, valió la pena.
Tener diarrea es una putada, pero tenerla siendo autónomo lo es más. Sobretodo si estás en otro país y tienes que trabajar todo el puto día. Más aún si en el mejor momento tienes que meterte en un avión y estar 13 horas sentado. Acabé pasando un miércoles horrible y un jueves algo mejor. Luego fue cuando me metí en el dichoso avión. Después en otro que casi pierdo. Finalmente llegué a casa y empezaron las comilonas.
A día de hoy, una semana después, los datos hablan solos. Normalmente en estas fechas me engordo entre 2 y 5 kg. Esta vez he perdido 3 kg. Y eso es un montón de mierda.
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lunes 19 de diciembre de 2011
E-misferio
Ahora mismo no sé en qué hemisferio estoy. Entiéndase en sentido figurado, por estar totalmente zombie, y también en el literal.
Estaba cenando en un TGI Friday's cuando se me ha ocurrido estoy que estoy escribiendo. Bueno, no se me ha ocurrido, es lo que me ha pasado. Hace días que no escribo nada y ya siento la presión. Que un científico de Harvard que está desarrollando un virus mortal te diga que a ver por qué cojones no escribes que no le pasa la mañana ni a tiros genera presión. La verdad es que escribir sí que he escrito, pero los textos que me han quedado al final me parecían un montón de mierda. Soy muy exigente con lo que escribo, y cómo sólo escribo basura, pues tardo mucho en generar algo decente.
El TGI Friday's es un restaurante americano tipo Hard Rock Cafe. Hacen ensaladas, carnes, hamburguesas, etc. No es que esté especialmente bueno, pero la comida es abundante y el precio razonable. Con éste, ya he estado en 3 restaurantes de esta cadena: el de Riga, el de Lima y el de Quito, donde me encuentro. Los tres exactamente iguales. No sé si hay restaurantes de estos en España, supongo que sí, pero la verdad es que me da igual, pues nunca iré a ninguno. Aquí donde estoy es de lo más decente que hay, y tras 24 horas de viaje no estoy para experimentos raros. Siempre llevo Fortasec encima, pero mejor asegurar el tiro, jartarme de porquerías conocidas que E-colis desconocidas y listos. La única diferencia que creo existe entre los TGI Friday's de estas latitudes con el resto es que siempre puedes tomar zumos de fruta naturales. De hecho en todos los restaurantes puedes pedir uno, de frutilla, maracuyá, papaya y otras frutas exóticas. Es algo digno de importar. Creo que es lo único bueno que nos hemos olvidado de importar. El petróleo, oro, gas, madera, etc., ya lo tenemos todo, ¿no? En fin. En Valencia es habitual tomar un zumo de naranja en la comida (es lo único que hacen en Valencia que me parece sensato), pero en el resto de la península lo más parecido que tienen es Fanta. La Fanta es al zumo lo que ZP al socialismo.
Me he comido una hamburguesa guarraca doble, con queso, bacon, salsa de Jack Daniels, aros de cebolla y patatas fritas. Ligerito. He pedido una cerveza pero la camarera me ha dicho que hay una ley en el país que prohibe servir alcohol los domingos. Inaudito. Seguro que es para reducir el absentismo laboral los lunes o alguna collonada por el estilo. Así que jugo de maracuyá.
En la mesa de al lado se ha sentado una parejita de veinteañeros con pasta. Lo primero que han hecho es atar el bolso a la silla. Como en muchos otros sitios de por aquí, en las sillas hay unas correas que sirven para que las mujeres puedan asegurar el bolso y los tíos su mariconera. A mi estos sitios en pleno centro no me parecen inseguros para nada, pero siempre hay correas de estas. Me gustaría saber hasta qué punto son necesarias. La parejita la forman los típicos ricachos de país pobre. Ella vestida de marca a tope, tacones, maquillaje, peinado de peluquería y tetas de plástico. Él en plan modernito casual con gafas de pasta, despeinado y vestido como "me he puesto lo primero que he pillado", justo lo que le respondió a su "personal shopper" cuando éste le preguntó qué estilo era el suyo. Podría ser de Barcelona. La diferencia principal entre los ricachos de aquí y los de Europa, es que aquí están acostumbrados a dar órdenes. La igualdad no existe y hay jerarquías que deben respetarse. Tras 10 minutos mirando la carta, el modernito ha llamado a la camarera para decirle que les tomara nota. Era una orden. No ha habido ni por favor ni gracias ni nada. Tras 10 minutos mirando la carta, se supone que uno sabe lo que va a pedir, o al menos sabe lo que hay escrito en la puta carta. Un ricacho de país "en vías de desarrollo" lo que hace es preguntarle a la camarera qué tiene, como si la carta fuera una revista con la que entretenerse hasta que le vienen a pedir la nota. Entonces, sin escuchar la respuesta, el ricacho se pone a hablar con la ricacha y se pasan 10 minutos de reloj (no de patatas, de reloj) decidiendo qué piden, mientras la camarera espera pacientemente. En un restaurante de España el camarero te perdona la vida con la mirada o directamente te sueltan una hostia si le haces algo así. Y con razón. Te vas a tocar las narices a tu puta casa. La gente se queja del servicio en España, pero a mi me gusta esa sinceridad que no espera ninguna propina a cambio. Aquí en cambio te ríen todas las gracias a cambio de una miseria y tú te acabas comiendo una hamburguesa sazonada con restos biológicos del camarero. Todos salen perdiendo.
Siempre me sorprende pensar que hace unas horas, 24 en este caso, yo estuviera en mi casa y en tan poco tiempo esté a tomar por culo. ¿Cómo es posible? Más que curvo, el tiempo podríamos decir que hace un doble looping con tirabuzón cuando viajas. Cierro paréntesis.
Me he levantado a las 3 de la mañana para ir al aeropuerto. A las 8 de la mañana aterrizaba en Amsterdam. Allí casi me deniegan la entrada al avión por tener el pasaporte con una vigencia inferior a 6 meses. Por suerte la azafata holandesa me ha dejado pasar diciendo que España y Ecuador la misma mierda son y que ya me entenderé con ellos cuando pase inmigración al llegar a destino. En el vuelo largo me he sentado en la salida de emergencia, a razón de 90 euros. Es un lujo que me compensa como humano de estatura superior a la media. Del vuelo vale la pena destacar que hacía un frío de cojones, creo que no hemos pasado de 10 grados dentro de la cabina en las 12 horas que ha durado. De hecho he llevado la chaqueta puesta todo el rato y con la manta me tapaba las piernas y aún así tenía frío. Los pies ni me los he sentido, estaban criogenizados. El sistema de "entretenimiento personal" no funcionaba bien. Por megafonía han dicho que han llamado al Help Desk de Panasonic y, cómo no, les han dicho que lo apagaran y lo volvieran a encender. Lo han hecho tres veces, y tres veces me han jodido la peli que estaba viendo, una de un virus tipo "Estallido" pero con Matt Damon en lugar de Dustin Hoffmann. Al final he decidido enviar a Matt Damon a la mierda y usar mi propio sistema de entretenimiento y he visto 6 episodios de la segunda temporada de Boardwalk Empire, haciendo siestas de vez en cuando. Los dos niños histéricos que estaban cerca mío no han parado de gritar, llorar y tocar los cojones, como es habitual. Siempre es lo mismo. Luego llegas, haces una hora de cola para pasar inmigración, te sellan el pasaporte, te esperas otra hora a que aparezca la maleta, sales para afuera, cambias pasta, coges un taxi, vas al hotel, te registras, pides la clave del wifi, subes a la habitación, el botones te enseña donde está la neverita, cómo se enciende la ducha, lo echas a patadas y estrenas el váter con una inmensa cagada. Arrugas la cara, liberas a Willy. Siempre igual pero, ahora que lo pienso, no recuerdo haberme fijado en qué sentido giraba Willy cuando he tirado de la cadena...
Estaba cenando en un TGI Friday's cuando se me ha ocurrido estoy que estoy escribiendo. Bueno, no se me ha ocurrido, es lo que me ha pasado. Hace días que no escribo nada y ya siento la presión. Que un científico de Harvard que está desarrollando un virus mortal te diga que a ver por qué cojones no escribes que no le pasa la mañana ni a tiros genera presión. La verdad es que escribir sí que he escrito, pero los textos que me han quedado al final me parecían un montón de mierda. Soy muy exigente con lo que escribo, y cómo sólo escribo basura, pues tardo mucho en generar algo decente.
El TGI Friday's es un restaurante americano tipo Hard Rock Cafe. Hacen ensaladas, carnes, hamburguesas, etc. No es que esté especialmente bueno, pero la comida es abundante y el precio razonable. Con éste, ya he estado en 3 restaurantes de esta cadena: el de Riga, el de Lima y el de Quito, donde me encuentro. Los tres exactamente iguales. No sé si hay restaurantes de estos en España, supongo que sí, pero la verdad es que me da igual, pues nunca iré a ninguno. Aquí donde estoy es de lo más decente que hay, y tras 24 horas de viaje no estoy para experimentos raros. Siempre llevo Fortasec encima, pero mejor asegurar el tiro, jartarme de porquerías conocidas que E-colis desconocidas y listos. La única diferencia que creo existe entre los TGI Friday's de estas latitudes con el resto es que siempre puedes tomar zumos de fruta naturales. De hecho en todos los restaurantes puedes pedir uno, de frutilla, maracuyá, papaya y otras frutas exóticas. Es algo digno de importar. Creo que es lo único bueno que nos hemos olvidado de importar. El petróleo, oro, gas, madera, etc., ya lo tenemos todo, ¿no? En fin. En Valencia es habitual tomar un zumo de naranja en la comida (es lo único que hacen en Valencia que me parece sensato), pero en el resto de la península lo más parecido que tienen es Fanta. La Fanta es al zumo lo que ZP al socialismo.
Me he comido una hamburguesa guarraca doble, con queso, bacon, salsa de Jack Daniels, aros de cebolla y patatas fritas. Ligerito. He pedido una cerveza pero la camarera me ha dicho que hay una ley en el país que prohibe servir alcohol los domingos. Inaudito. Seguro que es para reducir el absentismo laboral los lunes o alguna collonada por el estilo. Así que jugo de maracuyá.
En la mesa de al lado se ha sentado una parejita de veinteañeros con pasta. Lo primero que han hecho es atar el bolso a la silla. Como en muchos otros sitios de por aquí, en las sillas hay unas correas que sirven para que las mujeres puedan asegurar el bolso y los tíos su mariconera. A mi estos sitios en pleno centro no me parecen inseguros para nada, pero siempre hay correas de estas. Me gustaría saber hasta qué punto son necesarias. La parejita la forman los típicos ricachos de país pobre. Ella vestida de marca a tope, tacones, maquillaje, peinado de peluquería y tetas de plástico. Él en plan modernito casual con gafas de pasta, despeinado y vestido como "me he puesto lo primero que he pillado", justo lo que le respondió a su "personal shopper" cuando éste le preguntó qué estilo era el suyo. Podría ser de Barcelona. La diferencia principal entre los ricachos de aquí y los de Europa, es que aquí están acostumbrados a dar órdenes. La igualdad no existe y hay jerarquías que deben respetarse. Tras 10 minutos mirando la carta, el modernito ha llamado a la camarera para decirle que les tomara nota. Era una orden. No ha habido ni por favor ni gracias ni nada. Tras 10 minutos mirando la carta, se supone que uno sabe lo que va a pedir, o al menos sabe lo que hay escrito en la puta carta. Un ricacho de país "en vías de desarrollo" lo que hace es preguntarle a la camarera qué tiene, como si la carta fuera una revista con la que entretenerse hasta que le vienen a pedir la nota. Entonces, sin escuchar la respuesta, el ricacho se pone a hablar con la ricacha y se pasan 10 minutos de reloj (no de patatas, de reloj) decidiendo qué piden, mientras la camarera espera pacientemente. En un restaurante de España el camarero te perdona la vida con la mirada o directamente te sueltan una hostia si le haces algo así. Y con razón. Te vas a tocar las narices a tu puta casa. La gente se queja del servicio en España, pero a mi me gusta esa sinceridad que no espera ninguna propina a cambio. Aquí en cambio te ríen todas las gracias a cambio de una miseria y tú te acabas comiendo una hamburguesa sazonada con restos biológicos del camarero. Todos salen perdiendo.
Siempre me sorprende pensar que hace unas horas, 24 en este caso, yo estuviera en mi casa y en tan poco tiempo esté a tomar por culo. ¿Cómo es posible? Más que curvo, el tiempo podríamos decir que hace un doble looping con tirabuzón cuando viajas. Cierro paréntesis.
Me he levantado a las 3 de la mañana para ir al aeropuerto. A las 8 de la mañana aterrizaba en Amsterdam. Allí casi me deniegan la entrada al avión por tener el pasaporte con una vigencia inferior a 6 meses. Por suerte la azafata holandesa me ha dejado pasar diciendo que España y Ecuador la misma mierda son y que ya me entenderé con ellos cuando pase inmigración al llegar a destino. En el vuelo largo me he sentado en la salida de emergencia, a razón de 90 euros. Es un lujo que me compensa como humano de estatura superior a la media. Del vuelo vale la pena destacar que hacía un frío de cojones, creo que no hemos pasado de 10 grados dentro de la cabina en las 12 horas que ha durado. De hecho he llevado la chaqueta puesta todo el rato y con la manta me tapaba las piernas y aún así tenía frío. Los pies ni me los he sentido, estaban criogenizados. El sistema de "entretenimiento personal" no funcionaba bien. Por megafonía han dicho que han llamado al Help Desk de Panasonic y, cómo no, les han dicho que lo apagaran y lo volvieran a encender. Lo han hecho tres veces, y tres veces me han jodido la peli que estaba viendo, una de un virus tipo "Estallido" pero con Matt Damon en lugar de Dustin Hoffmann. Al final he decidido enviar a Matt Damon a la mierda y usar mi propio sistema de entretenimiento y he visto 6 episodios de la segunda temporada de Boardwalk Empire, haciendo siestas de vez en cuando. Los dos niños histéricos que estaban cerca mío no han parado de gritar, llorar y tocar los cojones, como es habitual. Siempre es lo mismo. Luego llegas, haces una hora de cola para pasar inmigración, te sellan el pasaporte, te esperas otra hora a que aparezca la maleta, sales para afuera, cambias pasta, coges un taxi, vas al hotel, te registras, pides la clave del wifi, subes a la habitación, el botones te enseña donde está la neverita, cómo se enciende la ducha, lo echas a patadas y estrenas el váter con una inmensa cagada. Arrugas la cara, liberas a Willy. Siempre igual pero, ahora que lo pienso, no recuerdo haberme fijado en qué sentido giraba Willy cuando he tirado de la cadena...
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Viajes
martes 13 de diciembre de 2011
El plan impulsa
A última hora de la tarde del miércoles recibió un email en su BlackBerry. Le convocaban en la sede de su empresa al día siguiente a las cuatro de la tarde. A él y a quince o veinte compañeros suyos de otras sucursales. El asunto del email era "El plan impulsa".
La noche de aquel día fue horrible. Se tuvo que levantar varias veces para vomitar. Debía haber comido algo en mal estado. Eso, o que el medio kilo de castañas que se había cepillado media hora antes del partido de fútbol había sido demasiado pal puerco. Decidió que al día siguiente no iría a trabajar y que se levantaría a primera hora para llamar a la oficina, pero se olvidó. De levantarse a primera hora.
Durante el jueves se estuvo recuperando a base de jugar al Fifa 12 y el viernes apareció en la oficina puntual como siempre. Fue a su sitio, encendió el ordenador y éste le pidió su nombre de usuario y contraseña.
Usuario inexistente.
Lo volvió a intentar. Era habitual que pasara porque cada mes el sistema les obligaba a cambiar la contraseña y eso era un follón de narices.
Usuario inexistente.
Comprobó la libreta donde tenía apuntada la contraseña nueva. "Elholocaustoesmentira11" aparecía bajo una lista de Elholocaustoesmentira01, 02, 03, etc. El número era el número del mes. Volvió a introducirla vigilando de apretar correctamente todas las teclas.
Usuario inexistente.
Ya harto lo intentó un par de veces más con esta contraseña, otro par con la del mes anterior, luego puso "administradorhijoputaestonohacegracia" y varios improperios más. Se levantó y se dirigió al despacho de su jefe. En aquella empresa de mierda siempre tenías que pasar por el jefe para cualquier cosa, hasta la más nimia. Eso le hacía preguntarse a qué se dedicaba, si se pasaba la mayor parte del tiempo haciendo cosas que no necesitaba hacer.
Entró en la oficina del jefe y dijo:
—Buenos días jefeeee... Mira, que no sé qué pasa con la contraseña que no puedo entrar en el ordenador. A ver si puedes llamar al de sistemas y... —siempre entraba así, no respetaba la autoridad.
—¿Pero qué haces tú aquí?
—¿Que qué hago? Pues nada, trabajar, bueno, antes quería leer el periódico... Ah, y ayer no vine porque estaba enfermo pero ya estoy mucho mejor.
—¿No viniste ayer?
—No.
—¿Entonces no fuiste a la reunión en la sede?
—No. Por cierto, ¿qué era eso? ¿Algo de formación?
—No, no... Vaya... ¿Entonces no te lo han dicho?
—¿El qué?
(Silencio)
—Mira, déjame que solucione un tema antes y luego hablamos, ok?
—Ok.
Se fue a la cafetera, donde había un par de colegas perdiendo el tiempo. Uno alto, flaco y con pintas de estrella del rock fracasada y otro de estatura media con un look a lo jarrai que pretendía sin éxito hacer que se pareciera más a Txeroki que a Nobita.
—¿En qué se parecen un soldado, un barco y una familia? —le preguntó Almostrockstar a Nobita.
—No sé, ¿en qué? —respondió el otro.
—En que el soldado y el barco tienen casco.
—¿Y la familia?
—Bien, gracias.
—...
Metió 60 céntimos en la máquina y apretó el botón de "cortado".
—No. Oye, ¿te has enterado? —le preguntó Nobita al comedor de castañas.
—¿De qué?
—Ayer despidieron a varios de otras sucursales. No sabemos exactamente a quién, pero estamos haciendo una porra. ¿Quieres participar?
—¡No jodas!
—Sí, por lo visto les convocaron a todos en la central y les dieron la patada.
—Qué cabrones.
—Y no te lo pierdas... A la limpieza étnica la bautizaron como "plan impulsa"... Un impulso directo a la puta calle!
La noche de aquel día fue horrible. Se tuvo que levantar varias veces para vomitar. Debía haber comido algo en mal estado. Eso, o que el medio kilo de castañas que se había cepillado media hora antes del partido de fútbol había sido demasiado pal puerco. Decidió que al día siguiente no iría a trabajar y que se levantaría a primera hora para llamar a la oficina, pero se olvidó. De levantarse a primera hora.
Durante el jueves se estuvo recuperando a base de jugar al Fifa 12 y el viernes apareció en la oficina puntual como siempre. Fue a su sitio, encendió el ordenador y éste le pidió su nombre de usuario y contraseña.
Usuario inexistente.
Lo volvió a intentar. Era habitual que pasara porque cada mes el sistema les obligaba a cambiar la contraseña y eso era un follón de narices.
Usuario inexistente.
Comprobó la libreta donde tenía apuntada la contraseña nueva. "Elholocaustoesmentira11" aparecía bajo una lista de Elholocaustoesmentira01, 02, 03, etc. El número era el número del mes. Volvió a introducirla vigilando de apretar correctamente todas las teclas.
Usuario inexistente.
Ya harto lo intentó un par de veces más con esta contraseña, otro par con la del mes anterior, luego puso "administradorhijoputaestonohacegracia" y varios improperios más. Se levantó y se dirigió al despacho de su jefe. En aquella empresa de mierda siempre tenías que pasar por el jefe para cualquier cosa, hasta la más nimia. Eso le hacía preguntarse a qué se dedicaba, si se pasaba la mayor parte del tiempo haciendo cosas que no necesitaba hacer.
Entró en la oficina del jefe y dijo:
—Buenos días jefeeee... Mira, que no sé qué pasa con la contraseña que no puedo entrar en el ordenador. A ver si puedes llamar al de sistemas y... —siempre entraba así, no respetaba la autoridad.
—¿Pero qué haces tú aquí?
—¿Que qué hago? Pues nada, trabajar, bueno, antes quería leer el periódico... Ah, y ayer no vine porque estaba enfermo pero ya estoy mucho mejor.
—¿No viniste ayer?
—No.
—¿Entonces no fuiste a la reunión en la sede?
—No. Por cierto, ¿qué era eso? ¿Algo de formación?
—No, no... Vaya... ¿Entonces no te lo han dicho?
—¿El qué?
(Silencio)
—Mira, déjame que solucione un tema antes y luego hablamos, ok?
—Ok.
Se fue a la cafetera, donde había un par de colegas perdiendo el tiempo. Uno alto, flaco y con pintas de estrella del rock fracasada y otro de estatura media con un look a lo jarrai que pretendía sin éxito hacer que se pareciera más a Txeroki que a Nobita.
—¿En qué se parecen un soldado, un barco y una familia? —le preguntó Almostrockstar a Nobita.
—No sé, ¿en qué? —respondió el otro.
—En que el soldado y el barco tienen casco.
—¿Y la familia?
—Bien, gracias.
—...
Metió 60 céntimos en la máquina y apretó el botón de "cortado".
—No. Oye, ¿te has enterado? —le preguntó Nobita al comedor de castañas.
—¿De qué?
—Ayer despidieron a varios de otras sucursales. No sabemos exactamente a quién, pero estamos haciendo una porra. ¿Quieres participar?
—¡No jodas!
—Sí, por lo visto les convocaron a todos en la central y les dieron la patada.
—Qué cabrones.
—Y no te lo pierdas... A la limpieza étnica la bautizaron como "plan impulsa"... Un impulso directo a la puta calle!
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